Que viene, que viene...

Vivimos una escalada de perversión lingüística que parece infinita. El empeño por redefinir lo que está pasando, el llamar a las cosas por otro nombre o de otra forma, la adulteración del lenguaje que alimenta la maquinaria de propaganda de este desgobierno de ineptos, colaboradores de banda armada, paganos de nazionanistas de tres al cuarto, y cobardes con el delincuente hasta el extremo de la complicidad, no conoce límites. 

Cada día nos sirven una nueva lección de #Neolengua pero sin sentido del humor.

La gran mayoría de impresentables que sobreviven a nuestra costa en esta partitocracia tardo franquista tratan obscenamente día si y día también de hacernos creer, una vez más, poco menos que los cerdos vuelan. 

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Y lo peor no es que gente que ya hace años que no debería pisar el Parlamento intente mentirnos o engañarnos como a un crío de 3 años. No. Lo peor es que la ciudadanía traga, traga y traga. Se tragó cuando se les llamó accidentes a los asesinatos de la T4, se tragó cuando la policía ayudó a ETA a eludir una detención por orden de un desgobierno de traidores, se tragó con De Juana, se ha tragado con Bolinaga, con Estrasburgo, con los tweets delatores y se tragará con lo que sea a no ser que vivas en un lugar con una asociación de vecinos cuyo barrio curiosamente rima con amonal... 


Ahí no se traga porque "el pueblo", o lo que nos quieren hacer creer que es el pueblo, cuando se trata de ciertas cosas no traga... Qué cosas... Qué casualidad...

Se tragó al llamar Misión de Paz a la Guerra, como se tragó al llamar interrupción voluntaria del embarazo al aborto, como se tragó al llamar derecho a una muerte digna al asesinato de ancianos, por poner unos ejemplos simples. Pero eso de que se haga una obra que te va a impedir aparcar en doble fila, por ahí no. Eso no... Hasta ahí podíamos llegar...

Esto es lo que hay. Y ustedes lo han votado. Si les matan, se me aguantan. Si el Alcalde de turno les quiere imponer una obra por la gracia de sus votos a quemar contenedores y viva la revolución.

Es bonito vivir en un lugar en el que la autoridad electa es incapaz de mantener el orden. Ya no sé si por miedo, por cobardía o por pura complicidad con el perroflautismo hecho Ley.

Nadie parece caer en la cuenta de que todas las revoluciones invariablemente acaban en dictadura, como nadie parece caer en la cuenta de que quien enciende la mecha es el primer quemado... Que viene, que viene... Que viene la revolución, hermano.

Hay que tenerlos del tamaño de dos melones para llamar revolución a lo que es un quítate tú que me pongo yo. Y si no te quitas, pues te aparto... 

Que viene, que viene... Pues al tiempo ustedes lo disfruten...  

La próxima vez, que ustedes lo voten bien.