Nuestras mafias...


No me gusta el fútbol. Dejó de gustarme hace años cuando pude comprobar la basura que hay debajo de lo que aún se atreven a llamar deporte. No obstante, en Progrelandia es difícil abstraerse a lo que hoy día es la nueva Fiesta Nacional por excelencia.

Intentaba ayer explicarme un conocido el lío que parece se avecina con la huelga anunciada en dicho "sector".

Por más que mi colega futbolero se esforzaba en sus documentadas y precisas (supongo) explicaciones, yo, no entendía nada, salvo una cosa: Alguien ha cogido a los sufridos aficionados como rehenes para conseguir sus propósitos, sean o no legales e importándole un rábano las consecuencias que de sus actos puedan producirse con el único fin de obtener alguna prebenda, beneficio o simplemente seguir conservando su privilegiado status.

Y eso que dicen va a suceder en el fútbol y que lleva encabronado a medio país es exactamente lo mismo que sucede en cualquier sector al que nos dignemos mirar. Y sucede porque estamos rodeados de mafias desvergonzadas que toman a la ciudadanía como rehenes para conseguir sus objetivos y que emplean métodos mafiosos para proteger sus intereses con nuestra aquiescencia cuando no con nuestra complicidad.

Sucede en la sanidad, donde profesionales que por la mañana están atendiéndole a usted en su ambulatorio abren por la tarde su consulta particular en su casa o acuden a una clínica privada para completar su al parecer triste salario. Si algo no les gusta, esos profesionales le cogerán a usted como rehén para reivindicar y conseguir sus objetivos aún a costa de que se quede usted sin ese análisis que hace 3 meses le está pidiendo su doctor de cabecera y que ¡oh casualidad! ha coincidido con uno de los días de huelga del sector.

Sucede en la educación, donde los profesionales que "educan" a su progenie también acuden por la tarde a academias privadas a impartir su sapiencia o reciben en su casa a alumnos para reforzar las materias que al parecer no han quedado convenientemente explicadas en el horario lectivo natural. En este sector es doblemente sangrante, ya que los rehenes no son solo los ciudadanos, son además sus hijos, con lo que corre usted el riesgo de que su retoño aparezca en casa cualquier día con una pancartita diseñada por el huelguista de turno en la hora de plástica para reivindicar lo que quiera que reivindiquen y que a usted, francamente, le importa medio rábano. Lo que usted percibe es que ese día su retoño ha vuelto a quedarse sin clase después de que la semana anterior hubiera dos días de fiesta, uno de celebración autonómica, y otro nacional y que en los 3 restantes los nenes estuvieron "estudiando" las maravillas de la tradición y la cultura de una fiesta que usted nunca celebró de niño simplemente porque no existía o realmente no pertenece a nuestra cultura y tradiciones.

Sucede en la administración, donde los profesionales que le sirven a usted, acuden una vez acabada su agotadora jornada a asesorar a organizaciones culturales varias o directamente a despachos privados para completar el penoso pecunio que reciben puntualmente cada día 31 de nuestros impuestos.

Sucede en el transporte público, donde esos esforzados profesionales no dudan en dejarle a usted tirado a media hora de su trabajo o de la puerta del colegio de sus hijos porque ellos van a reivindicar algo y por lo tanto no cumplen con los servicios mínimos porque sus derechos están por encima de los de usted, simple y mortal contribuyente, y por mucho que sea con nuestros impuestos con los que se paga su sueldo.

Sucede, en fin, en todos y cada uno de los sectores de nuestra mafiosilla y corrupta sociedad. Allá donde usted mire. Observe a su alrededor y se maravillará de lo mafiosa y corrupta que es nuestra sociedad.

Hemos creado tal entramado de basura haciendo una pútrida mezcolanza de lo público y lo privado que tenemos una sociedad donde un Diputado se permite decir, sin ruborizarse, sin que se le caiga la cara de vergüenza, que él siempre fue un pluriempleado. ¡¡¡En un país con más de 5 millones de parados!!!.

No tengo nada contra el pluriempleo, pero me parece vergonzoso que gente que está muy bien pagada por la administración pública cobre de ningún sitio privado, simple y llanamente porque esa persona se supone que ya tiene cubierto su "derecho" a un trabajo digno y bien remunerado. Y al ejercer ese pluriempleo lo que está haciendo es privar a alguien de su mismo derecho a trabajar. Y sin embargo es muy, pero que muy habitual encontrarse en nuestra mafiosa sociedad con esos "pluriempleados" que además siempre, siempre, siempre, ostentan condición de funcionarios. Si les echas en cara que están ayudando a que las cifras del paro aumenten, se ofenden, te miran mal y probablemente te incluyen en la lista de "candidato a visitable por la Policía del Pensamiento". Cuando simple y llanamente todo es propio de un comportamiento mafioso.

Comportamiento mafioso como el de tomar como rehén a cualquier ciudadano, cuantos más mejor, para que sus mafias no dejen de funcionar, para que sus privilegios nunca se vean siquiera mínimamente menoscabados, para que todo siga igual.

Es la sociedad que hemos creado. Probablemente la que nos merecemos. Y da asco. Mucho asco.

Pero todos somos cómplices.

Es penoso ver como nos hacemos los indignados ante tanta corrupción que nos rodea ¿verdad? Qué dignos parecemos, qué puros, qué decentes... Qué ascazo...

Porque la realidad es que todos somos cómplices y partícipes de esta panda de mafiosos que nos rodea. Porque callamos cuando nos toman como rehenes. Porque jaleamos al pluriempleado funcionario. Porque si necesitamos un favor no dudamos en acudir al que sabemos se corrompe con facilidad. Porque si la mafia monstruosa que nos rodea desapareciera de la noche a la mañana nos sentiríamos desvalidos, abandonados y profundamente asustados. Ya que siendo como somos un hatajo de borregos que lloriquean constantemente a papá Estado para que proteja NUESTROS derechos, si nos viéramos libres de tanta estulticia y por lo tanto ante el dilema de tener que gestionar nuestra propia libertad, comprobaríamos cuan cómplices somos de nuestras mafias y cuanto las necesitamos.

Asustados y por lo tanto incapacitados para ejercer una libertad que probablemente ya NO merecemos, con todo lo que ello conlleva, nuestro propio miedo nos obligaría a pedir, una vez más, auxilio a Papá Estado.

Cuando la mafia del fútbol le deje la próxima semana sin su deporte amado acuérdese de las otras mafias que le rodean y que probablemente no percibe usted, tan ocupado como está en otras cosas. Si no las identifica y además no se le cae la cara de vergüenza ante la basura mafiosa de sociedad que nos rodea y no siente usted unas arcadas insoportables, es porque ya forma parte de ellas.

Si no es su caso, huya como un poseso antes de que sea tarde.